Millanel Cosmetica Publicidad
Rugby Show

Los Pumas: En la recta final

Sebastián Perasso analiza la etapa final del Rugby Championship para Los Pumas, donde se enfrentarán a Nueva Zelanda en La Plata y a Australia en Rosario.

Haciendo un pequeño balance del rendimiento Puma en el Rugby Championship tras cuatro rondas, el equipo argentino exhibió rendimientos altamente positivos, mostrando actuaciones por encima de las expectativas que se tenían al comienzo de la competencia.

El seleccionado nacional experimentó notorios progresos en varios rubros. Tuvo un marcado crecimiento en las formaciones fijas (scrum y line out). La aparición de Eusebio Guiñazú en el quince titular le otorgó mayor solidez al fijo y lanzamientos más certeros en la hilera.

Hubo avances en términos de mantenimiento y conservación de la pelota; pero algo más importante aún, el equipo progresó enormemente en su capacidad para avanzar en el campo de juego.

Esa ardua empresa que significa ir hacia adelante, constituye el desafío más engorroso del rugby moderno y dentro de ese contexto Los Pumas mostraron algunos signos positivos. Sin dudas, fue un déficit histórico que presentó mejoras palpables.

Como muestra del progreso en ese aspecto, basta con recordar las enormes dificultades de nuestros Pumas para prevalecer en la ofensiva frente a las potencias del Norte. En aquel recordado partido contra Escocia en la primera fase de grupos del Mundial 2011, el cambio de paso del talentoso fullback Lucas González Amorosino generó – en la jugada del try – generó mayor cantidad de tackles fallidos que los que provocó el resto de Los Pumas en todo el partido.

No obstante lo antedicho, queda aún un largo camino por delante.

Las dificultades del equipo para prevalecer en el contacto y lograr avanzar requiere necesariamente que el equipo aprenda a utilizar el kick con mayor sapiencia y maestría.

En efecto, ese panorama exige la necesidad de desarrollar y perfeccionar el juego con el pie como arma de ataque. Y dentro de ese marco nuestros Pumas necesitan plantearse seriamente la necesidad de incorporar a su staff de colaboradores a un entrenador de patada. Porque más allá de los progresos exhibidos, al equipo le cuesta enormemente prevalecer ante los colosos del sur a través de la ofensiva tradicional.

Además, otro signo de madurez y jerarquía. El aprovechamiento de las situaciones de try ha sido óptimo hasta el momento. Las cuatro situaciones de try en la competencia han culminado siempre en el in-goal rival.

Aquellas cuatro conquistas en el Rugby Championship hablan de un promedio de un try por partido. Si recordamos que en su etapa premundialista el equipo de Phelan tenía un famélico poder de try, entonces esos números hablan por sí solos.

Por entonces, en solo la mitad de los test match disputados el equipo había logrado marcar tries, todo ello con el agravante de que los rivales no tenían el fuste ni la jerarquía de los tres grandes del Sur.

Por otra parte, en el Rugby Championship, el equipo conservó sus fortalezas históricas. Su pasión por defender se conserva intacta y sigue siendo la bandera del equipo en cualquier cancha.

Quedan dos oportunidades para transformar progresos en triunfos; dos chances para convertir el crecimiento sostenido del equipo en éxitos deportivos. Y para que ello suceda nuestros Pumas deberán tomar necesariamente algunos riesgos.

En primer lugar incorporar un pateador certero en cancha a fin de transformar en puntos cada situación propicia. Y en segundo término, si Los Pumas pretenden ser un equipo más peligroso en la ofensiva esta claro que deberían sumarle una cuota de riesgo a su tradicional juego de ataque. Pero que se entienda bien.

Tomar riesgos no significa animarse a jugar desde el propio in-goal; significa nutrirse de comportamientos poco ortodoxos o habituales. Es incorporar jugadores de impacto, especialistas que puedan cumplir satisfactoriamente el desafío de avanzar, sabiendo que sus perfiles los alejan de la firmeza defensiva del Puma clásico. Son los casos de Juan Imhoff o González Amorosino.

Asumir riesgos significa sorprender al rival; implica inducir al contrario a jugar en un escenario desconocido que le genere dudas y sorpresas porque esta claro que cualquier equipo, por más organizado y brillante que sea, puede verse repentinamente en problemas en esa situación.

Asumir riesgos implica actuar con coraje y audacia. En definitiva, valerse de la imaginación, creatividad e intuición con el fin de crear un escenario distinto al habitual donde los rivales se vean sorprendidos, dubitativos y confundidos…

Ingresamos en la recta final de esta fascinante aventura. Los Pumas ya han demostrado fortaleza, valentía, progreso y unas ganas terribles de superación. A esta altura, una victoria no significaría ingresar en terrenos cercanos a la fantasía.

Nuestros Pumas han demostrado ser competitivos. Un triunfo debería ser una linda recompensa para un equipo argentino que ya no sabe de utopías ni de sueños imposibles.Haciendo un pequeño balance del rendimiento Puma en el Rugby Championship tras cuatro rondas, el equipo argentino exhibió rendimientos altamente positivos, mostrando actuaciones por encima de las expectativas que se tenían al comienzo de la competencia.

El seleccionado nacional experimentó notorios progresos en varios rubros. Tuvo un marcado crecimiento en las formaciones fijas (scrum y line out). La aparición de Eusebio Guiñazú en el quince titular le otorgó mayor solidez al fijo y lanzamientos más certeros en la hilera.

Hubo avances en términos de mantenimiento y conservación de la pelota; pero algo más importante aún, el equipo progresó enormemente en su capacidad para avanzar en el campo de juego.

Esa ardua empresa que significa ir hacia adelante, constituye el desafío más engorroso del rugby moderno y dentro de ese contexto Los Pumas mostraron algunos signos positivos. Sin dudas, fue un déficit histórico que presentó mejoras palpables.

Como muestra del progreso en ese aspecto, basta con recordar las enormes dificultades de nuestros Pumas para prevalecer en la ofensiva frente a las potencias del Norte. En aquel recordado partido contra Escocia en la primera fase de grupos del Mundial 2011, el cambio de paso del talentoso fullback Lucas González Amorosino generó – en la jugada del try – generó mayor cantidad de tackles fallidos que los que provocó el resto de Los Pumas en todo el partido.

Las dificultades del equipo para prevalecer en el contacto y lograr avanzar requiere necesariamente que el equipo aprenda a utilizar el kick con mayor sapiencia y maestría.

En efecto, ese panorama exige la necesidad de desarrollar y perfeccionar el juego con el pie como arma de ataque. Y dentro de ese marco nuestros Pumas necesitan plantearse seriamente la necesidad de incorporar a su staff de colaboradores a un entrenador de patada. Porque más allá de los progresos exhibidos, al equipo le cuesta enormemente prevalecer ante los colosos del sur a través de la ofensiva tradicional.

Además, otro signo de madurez y jerarquía. El aprovechamiento de las situaciones de try ha sido óptimo hasta el momento. Las cuatro situaciones de try en la competencia han culminado siempre en el in-goal rival.

Aquellas cuatro conquistas en el Rugby Championship hablan de un promedio de un try por partido. Si recordamos que en su etapa premundialista el equipo de Phelan tenía un famélico poder de try, entonces esos números hablan por sí solos.

Por entonces, en solo la mitad de los test match disputados el equipo había logrado marcar tries, todo ello con el agravante de que los rivales no tenían el fuste ni la jerarquía de los tres grandes del Sur.

Por otra parte, en el Rugby Championship, el equipo conservó sus fortalezas históricas. Su pasión por defender se conserva intacta y sigue siendo la bandera del equipo en cualquier cancha.

Quedan dos oportunidades para transformar progresos en triunfos; dos chances para convertir el crecimiento sostenido del equipo en éxitos deportivos. Y para que ello suceda nuestros Pumas deberán tomar necesariamente algunos riesgos.

En primer lugar incorporar un pateador certero en cancha a fin de transformar en puntos cada situación propicia. Y en segundo término, si Los Pumas pretenden ser un equipo más peligroso en la ofensiva esta claro que deberían sumarle una cuota de riesgo a su tradicional juego de ataque. Pero que se entienda bien.

Tomar riesgos no significa animarse a jugar desde el propio in-goal; significa nutrirse de comportamientos poco ortodoxos o habituales. Es incorporar jugadores de impacto, especialistas que puedan cumplir satisfactoriamente el desafío de avanzar, sabiendo que sus perfiles los alejan de la firmeza defensiva del Puma clásico. Son los casos de Juan Imhoff o González Amorosino.

Asumir riesgos significa sorprender al rival; implica inducir al contrario a jugar en un escenario desconocido que le genere dudas y sorpresas porque esta claro que cualquier equipo, por más organizado y brillante que sea, puede verse repentinamente en problemas en esa situación.

Asumir riesgos implica actuar con coraje y audacia. En definitiva, valerse de la imaginación, creatividad e intuición con el fin de crear un escenario distinto al habitual donde los rivales se vean sorprendidos, dubitativos y confundidos…

Ingresamos en la recta final de esta fascinante aventura. Los Pumas ya han demostrado fortaleza, valentía, progreso y unas ganas terribles de superación. A esta altura, una victoria no significaría ingresar en terrenos cercanos a la fantasía.

Nuestros Pumas han demostrado ser competitivos. Un triunfo debería ser una linda recompensa para un equipo argentino que ya no sabe de utopías ni de sueños imposibles.

 

Por: Sebastián Perasso
Rugby Didáctico
Foto: UAR

Sociabilizá, compartí!

Dejá tu comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *