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Rugby Show

«Los Pumas es mi camiseta de por vida»

Gonzalo Quesada podría trabajar en la empresa de cosméticos y perfumes de su padre y entrenar los fines de semana en el Hindú Club. Es lo que piensa cada vez que lo invade el vértigo de haber superado las expectativas.

Quesada entró en el rugby por tradición familiar, mientras que en paralelo se formaba como administrador de empresas. Llegó a ser puma, jugó en el Mundial de Gales de 99 y, frente a las propuestas de varios equipos, apostó por venir dos años a Francia.

Se terminó quedando ocho temporadas. Volvió a postergar su vuelta a Buenos Aires, ya con las valijas hechas, cuando lo llamaron para ser assistant coach del seleccionado francés. Cuatro años durante los cuales aprovechó para multiplicar sus diplomas: entrenador, manager profesional, preparador mental.

El título de administrador de empresas empezaba a formar parte de otra vida. Entrenó al Racing Metro y, desde 2013, dirige al equipo parisiense Stade Français. Primer argentino en este puesto, Quesada convirtió al club en el mejor de Francia el año pasado, algo que no pasaba desde 2007, y se transformó en ídolo de muchos franceses, grandes amantes de este deporte. Muy apreciado por sus pares, entre sus fans se cuenta a la alcaldesa de París.

¿Cómo es ser entrenador en París?
Jugamos los fines de semana y, a partir del lunes, empieza el feedback de los partidos con videos, estadísticas, análisis del futuro rival, organización de entrenamientos y coordinación del plan de trabajo y de los lesionados. Tengo 5 preparadores físicos, 3 kinesiólogos, un osteópata, 2 médicos, 3 analistas video, 3 utileros y un coordinador deportivo. Mi rol es que cada uno haga su laburo.

¿Cuán competitivo es el rugby francés?
Tremendamente competitivo. No hay comparación. El campeonato de clubes franceses es hoy el más disputado del mundo. Al igual que España o Inglaterra, que en fútbol concentran a los mejores jugadores porque hay facilidades económicas, el top 14 francés es el más profesional y el más fuerte en cuanto a presión e intensidad.

¿Cómo ves el rugby argentino?
Muy bien. La identidad de los clubes se fue perdiendo en el mundo por el profesionalismo, y todos pensaban que en la Argentina pasaría lo mismo. Pero no: los clubes siguen siendo fuertes. Amo el rugby por eso que mamé en la Argentina, en un club como Hindú que transmite valores profundos de familia que te forman como persona. Es lo que admiro del rugby argentino. El día que perdamos esa fuerza, el rugby argentino pierde todo.

¿Por quién hinchás cuando Francia juega contra la Argentina?
Mi corazón y mi camiseta son argentinas. Nunca hubo ambigüedad. En mi primer año en el equipo de Francia, me tocó entrenar y estar con el gallo en el pecho cuando jugó contra los Pumas. Pedí permiso para ponerme una remera e irme a la tribuna para verlo como un espectador. No estaba preparado psicológicamente. Fue raro, pero todos en el staff entendieron y me respetaron. Más raro hubiera sido que cambie de identidad. Con el tiempo tuve que asumir mi rol y quedó claro. Pero soy argentino y Los Pumas es mi camiseta de por vida.

Gonza Quesada

¿Cómo es entrenar a un equipo que a nivel pasión no es como la Argentina?
Las diferencias culturales más fuertes son con los que nacieron en las islas del Pacífico. Es algo que ya había experimentado como jugador. Conviví con fijianos, parisienses, australianos, californianos, porteños y tucumanos. La pasión y el mensaje repetido en tres idiomas no alcanzan. Para que se genere algo diferente hay que saber hablarle a cada tipo, a cada nacionalidad, a cada personalidad. Con algunos charlás, con otros mirás imágenes. Es una empatía que tenés que tener si sos coach. La tendencia demuestra que los equipos que hacen la diferencia tienen compromiso y emociones diferentes, pero también una pasión común.

¿Qué te gusta de París?
Me siento muy cómodo con el estilo de vida. Estoy bien, me encanta vivir acá, pero no se compara con Buenos Aires. Cuando vuelvo siento que soy yo al 100%: mi club, mis amigos de siempre, los programas que hago. Esa forma de vida tan nuestra no se encuentra.

¿Qué forma de vida?
En la Argentina las relaciones son muy fuertes, somos muchos y todo el mundo se quiere. Hay esa capacidad muy natural y fácil de relacionarte y llevarte bien con la gente. En París no es así. No existe eso de que conocés a alguien y enseguida te sentís cómodo. Hay otras barreras. Por eso pienso que ser argentino me ayuda: me comporto igual que allá y, socialmente, se me abren puertas porque tengo tendencia a entrar en confianza siendo respetuoso.

Te faltan los asados…
¡Del asado extraño todo! Llegar temprano, el fuego, la picada, las pavadas con tus amigos. Tengo un chat con diez amigos de la camada. Tenemos 42 años y hay padres de familia, arquitectos y abogados, pero si alguien de afuera lo lee nos daría 15 años. Es una pavada atrás de otra. Eso se extraña: los asados, los amigos, lo bien que se come y los no horarios. Y cuando le mostrás eso a un francés, ¡le encanta!

¿Te preferís como jugador o como entrenador?
Me retiré sin estar lesionado, casi en mejor estado que unos años antes, porque me había empezado a picar el bicho de pasar del otro lado. No me quería quedar colgado en las anécdotas y los recuerdos del pasado, algo que te puede pasar cuando fuiste puma. Estoy orgulloso de todo lo que viví.

¿Pensás volver a la Argentina?
Lo pienso siempre. Desde que llegué a Francia tengo ese chip de vivir pensando de que pronto voy a volver. Cuando vine pensé que era por dos años. Pero cuando observo mi vida adulta, me doy cuenta de que viví más acá que allá: llegué a los 25 años y hace más de 16 que estoy. Me encantaría volver, pero con un objetivo laboral.

¿Por ejemplo si te propusieran ser entrenador de los Pumas?
Me tentaría cualquier oportunidad siempre que esté ligada al deporte, ya sea desde lo administrativo o porque un empresario busca a alguien con mi perfil para un proyecto. Hoy estoy feliz, me quedan dos años, pero en el futuro… Obviamente, jugué en los Pumas, así que entrenar sería una oportunidad. O a los Jaguares. Pero no me iría simplemente «a ver qué hago».

Por: La Nación
Fotos: Rugby Rama/L’Equipe

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