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Rugby Show

Fuera de juego: Crónicas sociales en la frontera del rugby

Girar la realidad y mirarla desde todos sus lados. Eso que se hace tan poco y que resulta tan útil. Por ahí, «por girar el objeto», arrancó Alejandro Cánepa para abordar el rugby en su necesario libro «Fuera de juego», Crónicas sociales en la frontera del rugby (Editorial Autores de Argentina).

Se trata de las historias que están, pero que no se difunden o que quedan al costado del camino de las luces. Las experiencias de El Campito en la Villa 31 y de Virreyes; un equipo de rugby femenino; otro en una cárcel y el único club de origen judío que compite en Buenos Aires son algunos de los recorridos de vida en los que Cánepa encuentra un hilo conductor: la pasión por el rugby y la defensa de sus valores.

«Jugué muy poco y mi mayor experiencia fue como árbitro de la URBA, pero siempre me gustó el rugby. De lo que fui viendo, escuchando y viviendo encontré varios motivos para decidirme a escribir el libro, que siempre tuve en claro que lo quería hacer desde la atmósfera que genera la frontera de la vida», cuenta Cánepa, periodista recibido en la UBA y docente en la misma universidad estatal.

Fuera de juego arranca con el capítulo «La cuestión judía», en el que cuenta, a través de riquísimos personajes, cómo un grupo poco numeroso de entusiastas llevó adelante el rugby en la Sociedad Hebraica Argentina, sorteando dos obstáculos nada sencillos: el poco apego de la comunidad judía por el deporte de los tackles y un cierto rechazo que encontraron en algunos sectores del mismo deporte. «En el primer partido que me tocó jugar nos gritaron «judíos de mierda» y terminamos a las trompadas», cuenta Luis Maldonado, quien no es judío, «pero dentro de la cancha era un judío más». Hoy, reconocen en SHA, esas situaciones ya casi no se dan.

«¿Esta gente por qué está acá? Por no respetar las reglas. Y lo que queremos es que respeten las reglas», cuenta Omar Amendolari, uno de los entrenadores del equipo de la Unidad 41 de Campana y quien está ahí «para transmitir los valores que los viejos maestros nos enseñaron». Ex jugador de Tiro Federal de la misma ciudad, Amendolari logró armar junto a un par de entusiastas más un equipo y una cancha dentro del penal. Cánepa relata en su libro los progresos que a través del juego encontraron varios reclusos.

Fuera de juego también se introduce en El Campito de la Villa 31 -la participación en un torneo de empresarios en el que sólo aceptaron compartir el tercer tiempo con ellos los policías de la Metropolitana, que fueron armados-, en Virreyes (el fuerte costado social desde todos sus lados), en las Vikingas (primer equipo femenino) y en Carpinchos Rugby Club de Gualeguaychú, al que por un error de impresión en sus primeras camisetas les bordaron el nombre de Carpenters, como aquel dúo musical, y así les quedó a sus rivales: «Hoy jugamos con los Carpenters».

Cánepa, como Claudio Gómez con el excelente Maten al rugbier, sobre los desaparecidos y muertos en La Plata, aporta un libro que viene a enaltecer la aún escasa bibliografía sobre el rugby argentino.

En la apertura, cita al filósofo Elías Cannetti: «Lo más importante es hablar con desconocidos. Cuando eso resulta imposible, ha empezado la muerte». Fuera de juego refiere a la vida misma.

 

Por: Jorge Búsico
Imagen: Editorial Autores de Argentina

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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